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Wuille Ruiz Figueroa Abogado. Desde Bagua Llegamos a Bagua el martes 9 de junio por la mañana uniéndonos a los abogados de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, y una de las cosas que más se siente es la falta de acceso a la información real por parte de las autoridades sobre los hechos ocurridos el pasado viernes 5. El sentir de las personas, así como de periodistas locales, es que sólo se ha dado a conocer por parte de las autoridades, a las víctimas de la policía, mas no del lado de los indígenas.
Todos con quienes conversamos lamentan la muerte de los policías y rechazan lo ocurrido, y están de acuerdo en que se esclarezca la forma en que fueron muertos. Sin embargo, también consideran que es poco lo que se ha explicado sobre la forma en que ocurrieron los hechos que desencadenó tal número de fallecidos, y sobre todo, respecto de las víctimas desde los pobladores indígenas. a. Los detenidos, como casi siempre, rostros de pobreza
Existe una lista oficial de detenidos sometidos a investigación elaborada por la Defensoría del Pueblo y publicada en algunos medios de comunicación. Doce están en la comisaría de Bagua Chica, entre ellos dos menores. Nos informan que lo más probable es que serán trasladados a un albergue en Chiclayo luego de que el Fiscal los denuncie y los pase al Juez. Hay otros detenidos en Bagua Grande, también dentro de ellos, dos menores Un número mayor están detenidos en el Cuartel Militar del Ejercito El Milagro, aunque ya son cerca de 20 que han sido puestos en libertad según han referido. Otro grupo de detenidos han sido llevados a Chiclayo, entre ellos se menciona a un chofer y un médico que trabajaban en una de las ambulancias que llevaba heridos, pues según señalan, en la ambulancia se encontró una de las armas. La Fiscal de Bagua, viene tomando la declaración de los detenidos apoyados por otros fiscales adjuntos. Hay abogados de oficio así como dos abogadas de la Vicaría de Jaén, dicho sea de paso, la Vicaría viene cumpliendo una labor humanitaria extraordinaria. Varios de los detenidos son indígenas que han participado del bloqueo de la carretera, otros los han traído procedentes de Imazita, de la Estación 6 de Petroperú. En el rostro así como en algunas partes del cuerpo, a algunos de los detenidos de Bagua se les nota que tienen moretones, costra de heridas en proceso de cicatrizar. Algunos refieren que al llegar a la comisaría de Bagua fueron golpeados por la policía y aún antes, cuando fueron intervenidos. Tienen dificultad para expresarse en castellano. Tampoco se ha observado que a los detenidos indígenas se les esté tomando su declaración con intérprete, pues la mejor forma que toda persona tiene de expresarse es en el idioma materno, derecho que está consagrado para los pueblos indígenas en el Convenio Nº 169 de la OIT. Los indígenas detenidos son humildes, pobres, con un rostro de incertidumbre y de temor en sus rostros ante el futuro que les espera, refieren que sus familiares aún no saben que están detenidos por que son de lugares lejanos a Bagua. Se espera que entre el viernes y sábado de esta semana, la fiscal haya formulado denuncia contra varias personas por diversos delitos entre ellos el de homicidio, lesiones graves, posesión ilegal de armas, etc. Con ello es probable que las autoridades del gobierno central muestren que se ha logrado identificar a los asesinos de los policías y que ya se encuentran en la cárcel. Desde el gobierno parece querer encontrarse “chivos expiatorios” a quienes se les pueda atribuir las muertes con el fin de ser utilizados políticamente y así dar un mensaje de seguridad y tranquilidad a la población. b. Zozobra e incertidumbre sobre víctimas fallecidas
Algunos periodistas locales han señalado haber recibido llamadas anónimas intimidatorias para que dejen de seguir informando y seguir indagando respecto a las víctimas indígenas. Se presume que en las partes altas aledañas a la “curva del diablo” se encuentren algunos restos de indígenas muertos pero ni aún la Defensoría del Pueblo ha tenido acceso a ese lugar por estar custodiado fuertemente por la policía. La presencia inusitada de algunos gallinazos o aves de rapiña en algunas partes del río Marañón también podría dar cuenta de que el río haya varado algunos cuerpos. Ya los indígenas que llegaron a Bagua desde distintas zonas de Amazonas han retornado a sus lugares no con cierto temor de ser detenidos en el camino. En síntesis, en Bagua se respira una sensación de confusión e incertidumbre respecto a lo que va a ocurrir, y en relación a cifras reales por el lado de las víctimas indígenas fallecidas, pues parece mentira que sólo se hayan producido sólo nueve personas fallecidas luego tan intenso fuego de balas por parte de la policía. c. Cómo se desencadenaron los hechos, relato de un testigo
Desde la versión oficial de los hechos del pasado viernes se ha sostenido que fueron los indígenas quienes iniciaron la agresión a los miembros de la policía y procedieron a disparar contra ellos. Sin embargo, diversos testimonios recogidos, nos permiten suponer razonablemente que no ha sido así. Uno de los testigos presenciales de los indígenas Wampis, de quien mantenemos en reserva su nombre, nos cuenta que se encontraba haciendo labor de vigilancia en uno de los dos puntos que los indígenas habían instalado en una loma, arriba de la denominada “curva del diablo”. Aproximadamente a las 4 a.m. del viernes 5 de junio, relata que empezaron a divisar el desplazamiento de 50 o más policías que subían desde la carretera hasta la loma, por lo que dieron aviso al grueso de manifestantes que estaban en la carretera para que suban al lugar y los apoyen. Los policías se posesionaron a unos 200 metros de dónde ellos estaban en sus puestos de vigilancia, y empezaron a insultarlos con groserías y a decirles que se vayan de allí si no querían morir. Como respuesta, los indígenas allí apostados y que iban creciendo en número, también les respondieron gritandoles que estaban allí protestando con justo derecho. Sigue contando el testigo, que en determinado momento los indígenas ya eran un número aproximado de 300, todos premunidos con lanzas, y al notar que los policías estaban totalmente armados y que organizaban su desplazamiento en puntos estratégicos en la loma, también los indígenas se desplazaron tratando de rodear a la policía. En determinado momento, ya como a las 5.30 a.m., empezaron los policías a lanzar bombas lacrimógenas, gases que les iba afectando la visión y la respiración. Con los gases y el humo que se expandía por toda la loma, la policía trataba de avanzar hacia ellos y sacarlos de ese lugar. Al cabo como de 15 a 20 minutos, empezó a escucharse disparos de bala por doquier. La policía estaba disparando. Los indígenas se protegían, algunos iban cayendo al suelo producto de las balas, otros se tiraban al suelo, otros se protegían tras las rocas o piedras o tras unos arboles otros corrían en busca de lugar seguro. Casi simultáneamente, un helicóptero sobrevolaba la zona y también de allí se lanzaron algunos gases lacrimógenos y también empezaron a disparar con balas. El tiempo iba pasando y el enfrentamiento continuaba, la policía ganaba espacio en la loma, algunos indígenas se replegaban hacia la pista, otros corrían sin rumbo fijo, sólo tratando de escapar y ponerse a buen recaudo. Los minutos parecían pasar rápidamente pero a veces parecía que pasaba una eternidad. El testigo nos refiere que vio caer a varias personas heridas por las balas y pudo contar cerca de veinte de estos heridos que ya no se movían y que seguramente estaban muertos, entre los caídos había algunas mujeres. Trataba de protegerse pero a la vez estaba preocupado por su hermano menor que también se encontraba en la loma. Se ubicó en un lugar donde pudo ver que la policía una vez ya posesionada del lugar, prendía fuego a los cuerpos. También se pregunta por qué los helicópteros tuvieron que parar en la loma tres veces y luego despegar. Efectivamente, desde la carretera Jaén a Bagua, y al pasar por la zona de la "curva del diablo", se aprecia algunas manchas negreadas en la loma, como de yerba quemada. Esta persona quien nos relata, ha hecho servicio militar en el Ejército y ha participado en la guerra contra Ecuador en el Cenepa, y conoce bien del disparo de las armas de fuego, por eso pide que creamos en lo que nos está contando, que no está inventado nada de eso, que lo único que quiere es que se conozca la verdad. Finalmente, señala que ya no pudo permanecer más en su lugar de protección y tuvo que replegarse hacia la carretera, también buscando un refugio cerca de allí, hasta que transcurrido los hechos, ya en horas de la tarde, logró salir de la zona sin ser detenido. El testigo aún no encuentra explicación de por qué pudo ocurrir todo esto, señala que habían logrado convivir pacíficamente y confraternizar con los policías después de tantos días de estar allí día y noche, y que incluso se intercambiaban algunas cosas para el recuerdo, y que la policía les daba algunas prendas de ellos como polos, a cambio de algunas cosas que los indígenas tenían. El calor es sumamente fuerte en Bagua, y aún sin hacer algún movimiento uno empieza a sudar. Imagino todas las condiciones y limitaciones en que realizan su labor los policías y también todas las peripecias que han pasado los indígenas que han participado de la protesta. Al pasar por la zona donde ocurrió los hechos me pregunto también por qué tuvo que esperarse tanto desde el gobierno y del partido oficial que nos gobierna, para que mueran tantas personas si el reclamo indígena pudo resolverse de otra forma y de manera más oportuna. Nos duelen todas las muertes, la de los policías, la de los indígenas y la de los no indígenas. Esperamos que algún día se conozca con claridad el desenlace de los hechos del 5 de junio, se identifique a los responsables y sean debidamente sancionados. Desde el gobierno se ha querido culpar a un dirigente indígena por todas las muertes, pero esto no resulta nada razonable sino más bien un argumento político. Todas las víctimas nos duelen, no solamente de un lado, sino de todos los lados de los que el Perú forma parte.
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