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Entrevista: Rocío Silva Santisteban, periodista, poeta y profesora universitaria, opina sobre el reciente fallo del Tribunal Constitucional y el tema de la despenalización del aborto.
Noticias SER ¿Cuál es su opinión respecto a la sentencia que ha dado el Tribunal Constitucional, que prohíbe la distribución del anticonceptivo oral de emergencia, conocido como la píldora del día siguiente? Creo que el Tribunal Constitucional no ha tenido en cuenta los diferentes reportes en detalle sobre las precisiones de uso y riesgo de la píldora del día siguiente y su calidad de no abortiva. Han sido presionados y han sucumbido a esa presión. El Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Javier Villa Stein, ha señalado que la decisión del Tribunal Constitucional se ha realizado “conforme a las leyes divinas y que guarda perfecta armonía con el derecho religioso? ¿Qué opina? Se abre la puerta para que las ideas religiosas de los magistrados se impongan en sus juicios? El Estado Peruano es laico, un tribunal de justicia no tiene por qué regirse por el derecho canónico, ni por las “leyes divinas”, ni por los principios tutelares de las creencias de sus miembros. Me sorprende mucho que mi ex profesor Javier Villa Stein, a quien no conocía en estos menesteres sino mucho más laico y amplio de criterio, haya opinado en este sentido. Realmente estoy muy sorprendida. ¿Qué lectura puede hacerse de estos dos hechos?. ¿Hay alguna intencionalidad de fondo? Habría que tener en consideración hasta qué punto seguimos bajo la influencia de las diversas iglesias. El Estado se rige por otro orden y, por supuesto, debe respetar la libertad de culto. Precisamente como una manera de respeto a esa libertad es que debe permitir que, ejerciendo su libre albedrío, las personas que tengan ideas religiosas en defensa del embrión humano, no aborten. Pero si todas las peruanas nos encontramos penalizadas en el supuesto de realizar prácticas abortivas incluso en caso de inviabilidad del embrión, entonces, ¿cómo las evangélicas o católicas van a ejercer este libre albedrío y escoger continuar con el embarazo, dar a luz y esperar que ese niño inviable muera? No habrá pues posibilidad de tomar decisiones. Las decisiones ya las tomó el Estado por una. Esto implica una mirada estatal totalmente tutelar, considerando a las ciudadanas no como tales, sino como niñas que debemos ser guiadas por una especie de “voluntad superior”. Es de hecho una forma de bio-poder en su sentido más controlista. ¿Cree que hay un fortalecimiento de las posiciones más conservadoras en este tema, o sólo son posiciones aisladas? Por supuesto que sí hay una relación entre este hecho y los avances de grupos ultra-conservadores. Estoy absolutamente sorprendida por la fuerza que un ministro, el Ing. Rafael Rey, tiene dentro del gobierno. Tanto así, pero tanto así, que la Ministra de la Mujer ha tenido que convocar a sus pares anteriores a una conferencia de prensa para defender la distribución gratuita de la píldora del día siguiente y exigir que esa contienda vaya a la Corte Interamericana. ¡Y la ministra es militante del partido de gobierno y Rafael Rey no lo es! ¿Por qué esa fuerza?, ¿a qué se debe? Sospecho que se trata no sólo de que Rafael Rey sea el alfil de los intereses tanto eclesiales como militares, sino sobre todo, por sus vínculos con los grupos de económicos de poder de este país que son tremendamente conservadores. ¿Qué implicancias puede tener la negación a la despenalización en los casos de aborto eugenésico y por violación, para el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres? Continuaremos como antes, tutelados por quienes creen que otros deben tomar decisiones por nosotros, acorralados en una democracia de baja intensidad, focalizada en las urbes y gestionada por ciertos sectores económicos. La despenalización del aborto, tal como ha sido planteada en el debate público popular, es asumida sobre todo por los varones como un “castigo por haberse portado mal”. La lógica es la siguiente: si una mujer tuvo relaciones sexuales que asuma las consecuencias. Si la violaron, bueno pues, ¡piña!, a través de la crianza de ese hijo podrá “limpiarse” de ese estigma. Esta manera de pensar es perversa. ¿Cuál es el papel que deberían tener los colectivos de la sociedad civil para detener los avances del los grupos más conservadores y el poder que tienen en los diferentes niveles del Estado? Todos los colectivos de la sociedad civil, incluso esos mismos conservadores, tienen un papel preponderante en las discusiones públicas. Es sano discutir públicamente sobre este tipo de temas en los que siempre habrá posiciones enfrentadas. Es políticamente muy sano. Pero no nos dejemos engañar: la decisión que ha tomado el TC no responden a estas discusiones, abiertas y enfebrecidas, sino a componendas debajo de la mesa, a presiones de miembros de las iglesias o de grupos ultra-conservadores, que además tienen un importante papel en la economía peruana. Esto es lo negativo. Contra la “república de los señores”, ningún colectivo tiene injerencia. Por eso mismo, la solución ha sido apelar a la Corte Interamericana. Generalmente el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos se han dado debido a las luchas de las mujeres y del feminismo, pero al mismo tiempo la restricción de éstos es lo primero que suele hacerse en tiempos de recortes democráticos o de gobiernos autoritarios. ¿Cómo cambiar esta situación? En la pregunta está la respuesta: más democracia. Democracia radical y sostenida. Democracia verdadera.
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