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Aldo Santos Para Cirilo Mendez, la Interoceánica Sur “es una bendición”; el ancashino de 65 años mira la vida con optimismo y ha vivido en carne propia la vorágine del crecimiento de su amada Madre de Dios. El que sus hijas hoy, puedan costear sus estudios universitarios, ha sido,en gran medida, gracias a un pequeño, pero próspero negocio familiar de empanadas, jugos, yuca y otros productos de su actividad agrícola, soporte económico de su familia durante estos años, “todos alzamos las manos a los buses, para que nos puedan comprar algo”, añade don Cirilo.
Al borde de la carretera, un techo de crizneja, una pequeña mesa y asientos de madera que se agrietan por el paso de los años, han sido los testigos silenciosos de la evolución de Madre de Dios y la hoy llamada, Interoceánica Sur. Más de 1 500 millones de dólares de inversión en la construcción de la carretera, que traen la promesa de mejorar las condiciones de vida de las miles de familias que viven en sus márgenes y la integración, de una vez por todas, de localidades que estuvieron “fuera” del país, desde que don Cirilo tiene memoria. Unión y Progreso, Puerto Manoa o San Lorenzo, son lugares que se pierden en la geografía y en lo vasto de la Amazonía sur del Perú; lugares ajenos, tan ajenos que “parece que no existimos para el Estado”, señala Edmer Mamani, párroco de Ollachea en Puno, ante el malestar que ha generado la poca presencia estatal en la supervisión y monitoreo de la obra vial, cuyos impactos sociales y ambientales son evidentes por donde se mire. El crecimiento de poblados como Mahuayani, al pie del imponente nevado de Ausangate en el Cusco, podrían graficar fácilmente lo que ha traído consigo el asfaltado de la Interoceánica Sur. Atrás quedaron los años en los que las cinco chozas de adobe e ichu o improvisados toldos albergaban a comensales y vendedoras de comida; “es increíble como ha cambiado este sitio, antes no había nada”, indica Reynaldo Cahuana, transportista que transita entre Puerto Maldonado y Cusco, hace siete años; Reynaldo es testigo privilegiado de los efectos positivos y negativos que ha traído la obra. En San Gabán, Puno, ocurre lo propio, la otrora fantasmal capital de distrito, hoy alberga a propios y extraños como Yenny; joven nacida en Ucayali que complementa los ingresos familiares de su esposo, obrero en la empresa encargada del asfaltado de la carretera, vendiendo juanes en las afueras del mercado. Los campamentos de las empresas, la migración y la mejora de la vía, han dinamizado la economía de pequeños centros poblados que están en el ámbito de la Interoceánica Sur. Sin embargo, no todo es color de rosa y no todo significa mejora, más allá del asfaltado de la vía, la presencia estatal en estas zonas es sumamente limitada. Los letreros con anuncios como “la alfabetización es justicia social”, como parte del programa Crecer, parecen ser simples anuncios que contrastan con una realidad que se torna incierta. Escuelas unidocentes y precarios centros de salud, sólo para citar dos ejemplos. En palabras de Andrea Rojas, cusqueña asentada hace 20 años en Iberia, Madre de Dios, “pensaba que con la carretera iban a mejorar… Las postas médicas están en abandono”. Andrea tiene un puesto de refrigerios en el mercado de Iberia y, más allá de que ahora puede viajar a Puerto Maldonado y volver a Iberia en un mismo día, no cree que la Interoceánica Sur la ha beneficiado de otro modo. “La Interoceánica Sur cayó de improviso, desconocíamos que se venía, se tuvo una información mínima”, nos dice Juan Berríos, funcionario de la Municipalidad Provincial de Tahuamanu, opinión que comparte Juan de la Vega Peña, Gerente Municipal del Distrito de Iñapari, en la frontera con el Brasil, “el proyecto de agua que presentamos el año pasado, pensando en determinada cantidad de habitantes ya no sirve, con la carretera la población se ha incrementado y hoy tenemos que hacer otro proyecto… No habíamos previsto eso”. Migración, crecimiento no planificado de centros urbanos, minería informal, tala ilegal, contrabando, narcotráfico, son algunos de los problemas que si bien son pre-existentes al asfaltado de la vía, hoy se hacen más evidentes, con la tendencia a que muchos de ellos se agudicen, por la precariedad del Estado en la zona. “Hay un montón de tala ilegal”, señala impotente María Isabel Collazos, responsable de un puesto de vigilancia del INRENA en la sede de Alerta (Madre de Dios). Para graficar el problema de la minería informal, entre el kilómetro 100 y 150 de la vía que une a Mazuko con Puerto Maldonado, operan a plena luz del día y en las márgenes de la carretera, más de siete centros de mineros informales que impunemente vienen depredando bosques y contaminando los ríos de Madre de Dios. Ello sin considerar a Guacamayo, Huaypetue, Delta Uno, etc., lugares donde la ilegalidad gobierna y “donde la vida no vale nada”, al decir de un lugareño de Mazuco. Pero el problema de la minería informal no termina allí, informes como el elaborado por la Organización Internacional de Migraciones (OIM) y el Instituto de Estudios Internacionales (IDEI) de la Universidad Católica del Perú exponen claramente la creciente trata de personas en Madre de Dios (1), problema directamente vinculado a la minería y tala ilegal. La “Estrada do Pacífico”, como se conoce a la Interoceánica Sur en el lado brasilero, al decir del Ministro de Transportes y Comunicaciones, “será un gran aporte para toda América del Sur, porque unirá el océano Atlántico y el Pacífico, pero por sobre todo permitirá el intercambio de comercio y turismo entre las dos naciones” (2). En ese sentido, pareciera que se asume que el ansiado desarrollo llegará casi automáticamente a pequeños centros urbanos como Iñapari, Ollachea u Ocongate, facilitando el acceso de estos, a nuevos mercados y su conexión al Atlántico. Ciertamente la Interoceánica Sur es “una bendición” para muchos, pero una promesa a medias, cuando de lo que se trata es de mejorar las condiciones de vida de las miles de familias que viven en Cusco, Puno y Madre de Dios, una inversión tal, debería permitirnos mínimamente pensar en esa posibilidad. Una vía para el negocio, para el intercambio comercial, para mejorar la infraestructura en salud, educación y no para bloquearla como última medida cuando el gobierno nacional se divorcia de sus funciones y responsabilidades para con sus ciudadanos y ciudadanas. Notas (1) Para descargar una versión digital del documento visite: http://www.cajpe.org.pe/gep/index.php/documentos/doc_details/29-la-trata-de-personas-con-fines-de-explotacion-laboral (2) Véase: http://www.tvperu.gob.pe/index.php?option=com_content&task=view_notp&id=7820&Itemid=2&ncid=17
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